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Juan Carlos Benavente
07/11/2018
Carta abierta de un trabajador antártico
Motivan estas reflexiones las notas periodísticas publicadas los últimos días por los multimedios masivos Clarín e Infobae, producidas por enviados especiales a la Base Antártica Marambio, cuyo objetivo inicial era cubrir el recambio de la dotación anual de esa base permanente.
Quien esto escribe es un ciudadano argentino que vivió también un año corrido en la Antártida, que además estuvo en dotaciones de verano y en grupos transitorios prestando servicios para la Nación en esa región. No porto uniforme porque soy agente civil de la Fuerza Aérea, institución en la que llevo décadas. Entre las múltiples tareas que uno realiza en la Antártida, también, y dada mi formación universitaria, efectúo tareas de prensa, siendo además docente universitario.

Cuando leí las polémicas notas de referencia, tuve sensaciones encontradas algo más decantadas luego. La Antártida promueve valores concretos y de una realidad extrema en aquellos confines, como la solidaridad, la camaradería, el espíritu de equipo.
Trabajar en la Antártida es muy difícil, duro, extenuante por momentos. Pero también es, para muchos de nosotros, un honor, un gran orgullo, un privilegio. Para mí, civil, es un sincero honor prestar servicios a mi país en esas regiones, que de alguna manera hoy son la “avanzada”, un teatro de operaciones asimilable al bélico para las FF.AA.
Para los medios y periodistas que tuvieron el alto privilegio de viajar a la Antártida, me permito recordarles que nuestro país, con los importantes problemas económicos y de medios, es uno de los siete Estados que reclaman soberanía en la Antártida. Y que todo acto, u omisión, que allí y aquí hagamos, repercute en ese reclamo y en la construcción social de ese ideario, y de otras inclusiones.
Me permito recordar, de paso, que la Argentina es el único país que mantiene desde 1904 presencia ininterrumpida en la región; el primer país que efectuó una comunicación radioeléctrica desde la Antártida; el primer país en contar con una pista como la de Marambio, puerta de entrada al continente; una base argentina tiene una escuela provincial, que en esa base viven un año familias, niños y jóvenes; que en esa base, Esperanza, se produjo el primer nacimiento de un ser humano en la Antártida. Que Argentina, desde finales de la década de 1940, impulsó un plan estratégico que aún hoy es modelo por su visión.

Señores periodistas: ustedes eligieron mostrar de todo el riquísimo abanico de experiencias e historias lo menos trascendente y amarillista, tal vez molestos porque a lo mejor nadie les dijo que un viaje a la Antártida está repleto de variables no controladas, como el clima entre otras, que pueden postergar un regreso a varios días, y a veces, semanas. Han tenido el raro privilegio, claro que sin lujos, no sólo de viajar a Marambio, sino de dormir un par de noches allí y poder realizar un trabajo etnográfico que miles de cronistas sueñan.
Claro, hay responsabilidades compartidas.
Me han llegado diversos comentarios y bromas en relación con lo mencionado en las notas, lo que confirma una vez más el poder de los símbolos, de ciertas imágenes. Ustedes eligieron enfatizar la trascendencia de repartir preservativos en Marambio, a narrar el sacrificio de muchos que dejaron hasta su vida allí, como Gustavo Capuccino, a quien vi morir en 2016.
Ustedes eligieron contar la importancia de la carga de preservativos que traería la bodega del Hércules, “un galpón con alas”, incómodo claro, en lugar de contar que ese vetusto y fiel galpón salvó muchas vidas, y cómo. En 2017, ese galpón con alas arrojó insumos medicinales en la Base Orcadas en medio de un operativo de evacuación que un “avioncito” como el Twin Otter concretó, comandado por experimentados tripulantes.
Ustedes podrían habernos deleitado con tantas impresiones y postales de la Antártida que despertarían la fascinación de millones de argentinos. Pero no. A nadie escapa que los medios eligen ciertas notas y enfoques a partir de la línea editorial. ¿Qué pensarán las familias de los invernantes de las bases antárticas a partir de lo que se mostró? ¿Qué construcciones harán las mujeres, hombres, niños, jóvenes, hijos, madres a partir de lo mostrado? Una controversia familiar distante puede provocar serios problemas de convivencia en la Antártida, que podrían desencadenar litigios y hasta alguna compleja y costosa operación de evacuación.

Como comunicadores tenemos responsabilidad, y como comunicador antártico, esa responsabilidad se multiplica por la red de elementos personales, institucionales y nacionales puestos en juego en la Antártida.
Todo lo que aquí expongo corre por cuenta mía y asumo las consecuencias de mis dichos. Como antártico, me preocupa por las implicancias que estos enfoques pueden tener.
Sinceramente les digo que ustedes ni sus medios han sido dignos del privilegio que la Argentina les dio.

Juan C. Benavente