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07/01/2019
La adicción a los videojuegos afecta el bienestar mental y físico
La adicción a los videojuegos afecta el bienestar mental y físico
La adicción a los videojuegos interfiere con la rutina diaria y afecta el bienestar mental y físico.
La adicción a los videojuegos va más allá de sentir pasión por los juegos de video. Es un patrón de comportamiento adictivo en el cual jugar digitalmente o por video es la máxima prioridad en la vida de la persona. 

La Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de reconocer la adicción a los videojuegos como una enfermedad mental. El manual de diagnóstico de la Asociación Americana de Psiquiatría no lo considera un trastorno oficial, pero recomienda estudiar más la adicción a los videojuegos.

Los síntomas, según la OMS, incluyen una alteración de la capacidad de controlar el juego, una prevalencia del juego sobre otros intereses y actividades hasta el punto que deriva en malestar o funcionamiento alterado y un comportamiento lúdico continuo pese a consecuencias negativas.

SEÑALES DE ALARMA
Existen varias señales de alarma que se pueden buscar ante la inquietud de que un niño padezca una adicción a los videojuegos. ¿Se ha distanciado su hijo de los deportes, clubes u otras actividades que no implican juegos de video? ¿Interactúa su hijo principalmente con otros miembros de la comunidad electrónica de juegos de video? ¿Disminuye el rendimiento académico de su hijo mientras el interés por los juegos aumenta? ¿Ocupa el juego la mayor parte del tiempo libre de su hijo? ¿Alteran los videojuegos los patrones de sueño de su hijo? Si respondió afirmativamente a cualquiera de estas preguntas, entonces, es posible que su hijo esté desarrollando una adicción a los videojuegos.
Preste también atención a las reacciones emocionales de su hijo cuando no pueda participar en esos videojuegos. La persona adicta a los videojuegos, por lo general, se pone sumamente enojada, ansiosa o alterada al pensar en que debe alejarse de los videojuegos durante más de un breve período de tiempo. Debido a que se trata de un trastorno adictivo, es difícil para quienes tienen la adicción a los videojuegos reducir la cantidad de tiempo que invierten en ellos. Cuando se les confronta acerca del tiempo perdido en el juego, las personas en esa situación no suelen admitir que necesitan reducir el tiempo de juego y muchos insisten en que su comportamiento es normal.

Es importante también mencionar que la adicción a los videojuegos puede afectar significativamente la salud física. Debido a la naturaleza sedentaria de la mayoría de los juegos de video, las personas con esta adicción tienden a hacer poca actividad física, lo cual conlleva el riesgo de aumentar el índice de masa corporal. El resultado de dicho aumento puede ser obesidad, presión arterial alta, problemas hepáticos y diabetes tipo 2. Las personas que han desarrollado esta adicción normalmente no toman medidas para afrontar esos problemas de salud.

RECOMENDACIONES
En ese sentido, se aconseja tomar nota de las recomendaciones de la Academia Americana de Pediatría: los niños menos de 18 o 24 meses no deben usar dispositivos electrónicos, a menos que sea para videoconferencias con familiares; en los niños de 2 a 5 años, se debe limitar el tiempo frente a una pantalla a no más de una hora diaria y escoger algún programa de buena calidad. A medida que el niño crece, la idea de que algo puede ajustarse a todos no funciona muy bien y usted tendrá que decir cuántos dispositivos permite que el niño use a diario y los tipos adecuados.

Si le preocupa una adicción a los videojuegos en su hijo, haga una consulta al pediatra. El podrá evaluar la situación, darle guía y, en caso necesario, remitirle a un profesional de la salud mental.

Si cree que el comportamiento de su hijo no llega al nivel de una adicción a los videojuegos, pero considera que le beneficiaría disminuir el tiempo que pasa frente a una pantalla, intente lo siguiente: establezca en la casa momentos libres de tecnología durante las comidas, por ejemplo, o actividades y paseos familiares específicos.

Asegúrese que todos, incluidos los adultos, se alejen de las pantallas durante esos períodos. Saque las pantallas de los dormitorios. Fije límites diarios y semanales para el tiempo que se puede pasar frente a una pantalla y haga que se cumplan. Por ejemplo, diga que se apagan todos los dispositivos y pantallas una hora antes de acostarse y cargue los dispositivos fuera de los dormitorios por la noche.

Mantenga una conversación con la familia acerca del tiempo que pasan frente a una pantalla en casa, tomando en cuenta los valores y las prioridades familiares.

Hable sobre la importancia de poner límites y el beneficio de hacer actividades que no implican dispositivos electrónicos ni juegos de video, como leer, hacer deporte o conversar animadamente cara a cara.

Recuérdeles a sus hijos que aprender maneras positivas de conectarse y desconectarse de las pantallas y de los videojuegos puede, en general, ayudarles a proteger su seguridad y salud.
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